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La defensa es un aspecto muy importante del baloncesto moderno. Ahora que la calidad física y técnica de los jugadores ha aumentado considerablemente se hace más necesario que nunca para poder destacar el poseer una buena defensa que dificulte lo más posible el juego de ataque del contrario.


1. ACTITUD.
1. ACTITUD. Cuando hablamos de defender no nos estamos refiriendo solamente al equipo que no tiene el balón, ni tan siquiera a una acción o suma de acciones por las que intentamos dificultar la acción del ataque. Cuando hablamos de defensa estaremos refiriéndonos a una actitud activa y agresiva que imposibilite las acciones ofensivas, retarde su continuidad y provoque errores (violaciones, pérdidas de balón, acciones mal estructuradas, etc.) del contrario.

Para defender bien, siempre que tengamos buena condición física, no importarán los días buenos o malos, será nuestro esfuerzo, nuestras ganas de tener el balón quienes determinarán nuestro éxito en defensa. Cuando en ataque se tenga un mal día y los porcentajes bajen, la solución será aplicarse en defensa y disminuir el nivel de aciertos del contrario.

La defensa es preciso entrenarla, y mucho. Constantemente y a diario. Es preciso hacerlo de manera intensa y aplicarnos en los entrenamientos, a medida que progresemos, con una fuerte intensidad defensiva. Esto, además de proporcionarnos la adecuada preparación para defender en los partidos, nos hará estar mejor preparados para enfrentarnos con éxito a las situaciones que nos presentarán las fuertes defensas rivales. Cuanta mayor intensidad defensiva apliquemos en los entrenamientos, mejor sabremos atacar después, aparte, lógicamente, de que mejor sabremos defender.

Para que exista una buena defensa colectiva, se hace preciso que cada jugador domine perfectamente los conceptos básicos de la defensa individual, pero con eso sólo no basta, se hace indispensable una buena ACTITUD. La mejor técnica defensiva y los sistemas defensivos más sofisticados no valdrán para nada sin una adecuada actitud que nos haga estar mentalmente preparados para un trabajo duro, poco vistoso y, generalmente, poco reconocido.

Si al hablar del ataque decíamos que éste tenía ventaja porque la acción se antepone a la reacción, parece claro que al encarar la defensa tendremos que hacer especial hincapié en la reacción; cuanto mejor y más rápida sea, mejor para el defensor. Por eso es preciso, una vez más, una máxima concentración en lo que se está haciendo.

La defensa deberá estar marcada por la agresividad y la concentración, tenemos que conseguir que nuestros jugadores "amen" la defensa, crean en élla y se entreguen totalmente al respecto.

Aunque debemos exigir responsabilidades individuales, no podemos olvidar el concepto de EQUIPO, por lo que serán muy importante los conceptos de ayuda, lado débil, lado fuerte, etc. que se verán en este capítulo.

No podemos olvidar tampoco a la defensa como el paso previo a nuestra ofensiva, sabiendo que una buena aplicación defensiva nos podrá proporcionar muchas canastas cómodas durante los partidos. Se habla mucho ahora de "anotar desde la defensa", por éllo nuestra defensa deberá, además, ser ambiciosa.
2. POSICIÓN BÁSICA DEFENSIVA
PIES: separados algo más que la achura de los hombros, con el peso del cuerpo sobre la parte delantera de los mismos, con los talones sólo rozando el suelo.

PIERNAS: flexionadas, proporcionando un equilibrio muy estable y prontitud en la reacción. Debemos ser capaces de desplazarnos rápidamente.

GLÚTEOS: bajos, casi como si estuviéramos sentados en una silla.

TRONCO: recto y ligeramente echado hacia delante.

BRAZOS: semiflexionados, con los antebrazos y manos dirigidos hacia arriba. Los dedos de las manos estarán abiertos y las palmas dirigidas siempre hacia delante (en algunos casos las giraremos hacia el balón)

CABEZA: alta, vista al frente, visión marginal.

Y por supuesto, nuestra actitud debe ser de concentración máxima, de gran tensión y de total, pero controlada, agresividad.

3. DESPLAZAMIENTOS DEFENSIVOS.
Se parte, como es lógico, de la posición básica defensiva.

Siempre moveremos primero el pie de la dirección que vamos a tomar. Esta norma es absolutamente imprescindible, si vamos a la derecha moveremos primero el pie derecho, y a la inversa, primero el izquierdo si vamos hacia la izquierda. Lo contrario nos haría perder el equilibrio y la capacidad de reaccionar rápido ante el atacante.

La pierna atrasada empuja hacia la dirección del movimiento.

Debemos intentar mantener la distancia entre pies, nunca debemos juntarlos, ni, mucho menos, cruzarlos. El porqué, está, como casi siempre, en el equilibrio: cuanta menos base tengamos, menos equilibrio habrá, y por tanto menos capacidad de reacción.

Siempre los haremos sobre la parte delantera de los pies, sin apoyar excesivamente los talones para evitar quedarnos "anclados" al suelo perdiendo la capacidad de reacción.

Nos podemos deslizar en cualquier sentido, pero siempre manteniendo los pies paralelos, sin juntarlos y moviendo primero el de la dirección a tomar.

Lo mismo sucede cuando cambiamos de dirección. Si vamos hacia la derecha vamos moviendo en cada paso primero el pie derecho; si tenemos que cambiar de dirección y dirigirnos hacia la izquierda, sería entonces el pie izquierdo quién tendría que moverse primero. En los dos casos es imprescindible el mover primero el pie de la dirección que vamos a tomar. Normalmente sería un pequeño paso, pero que posibilitará toda la secuencia posterior.

Paso de caída. Hasta el momento hemos hablado de desplazamientos en línea recta, pero normalmente en el campo un jugador se mueve en líneas quebradas. Si vamos hacia la derecha y tenemos que cambiar hacia la izquierda debemos pivotar sobre el pie derecho, y el pie izquierdo cogerá la dirección escogida para después seguir moviéndose como ya hemos visto. Como hacemos una pequeña caída, se le llama paso de caída, pero también podría ser paso de avance si nos tuviéramos que dirigir hacia delante. Es importante acostumbrar a nuestros jugadores a no hacer este paso de caída excesivamente conservador, pues iríamos cediendo terreno fácilmente al adversario. Intentemos cortar el paso al atacante para obligarle a rectificar su intención inicial.
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